Cristo Buen Pastor

Óleo sobre lienzo, perteneciente al siglo XVIII, de estilo barroco. La obra es de autor desconocido y se encuentra en el lado del Evangelio.

Su inspiración la encontramos en modelos antiguos como el moscóforo o Hermes llevando el carnero. Su atributo, una oveja sobre los hombros.

Virgen de Candelaria

Perteneciente al siglo XVIII, de estilo barroco. Esta obra se atribuye a Cristóbal Hernández de Quintana (1651-1725).

Se encuentra a los pies de la nave, bajo el coro. El estilo Quintana, se define a través del gusto por el dibujo, preciso y de gran colorido.

Es interesante, indicar cómo desde mediados del siglo XVII, Nuestra Señora de Candelaria, fue representada en lienzos tal y como la encontrábamos en el Santuario.

Uno de los atributos destacados de la Virgen (La Candela), viene dado por un pasaje del Evangelio de San Lucas donde nos habla de la fiesta de la Presentación de Jesús en el templo, donde a la vez, se celebraba, el acto de Purificación de María o de la Candelaria (consistía en una procesión de madres con cirios y acompañadas de sus hijos). En esta imagen, se puede obsevar la antigua escultura revestida con ricos brocados y ataviada con rostrillo.

Virgen de las Mercedes

Óleo sobre lienzo, del siglo XVIII, de estilo barroco. Su autor es Gaspar de Quevedo, data de 1616-1670, y se ubica en el lado del Evangelio.

Los acogidos bajo el manto portan sobre su pecho el escudo de la orden, y es la representación de la patrona de los religiosos de la Merced. Su manto es sostenido por ángeles, y la escena está presidida por Dios padre. En el cuadro se puede observar, como en el extremo izquierdo de la representación hay un personaje que trata de salir del lienzo, para llamar la atención del espectador.

La obra pictórica, se inspira en un grabado de Pierre de Iodde el Joven. Las figuras poseen un, alargamiento cuyo significado, es una rémora de tipo manierista. La tela fue restaurada en 1985, en el Taller de Restauración del Cabildo Insular de Tenerife.

Posee un hábito pardo con velo negro, cordón blanco y sandalias; en general vestiduras de aspecto columnario que no hierático. En la cabeza porta una corona de rosas, aunque no se percibe con claridad debido a lo oscuro de la tela y el paso del tiempo. En segundo plano apenas se percibe la cortina que atraviesa la escena en diagonal.

San Pedro Penitente

Óleo sobre lienzo, obra anónima, del siglo XVIII. Pedro iconográficamente se relaciona con el gallo -representado en el lienzo-, debido a que en los evangelios de Mateo y de Lucas, se menciona cómo anunció Jesús a su discípulo Pedro lo siguiente: "esta noche, antes de que cante el gallo, me negaras tres veces".

Se distribuye el santo, en la composición pictórica de forma diagonal. Sostiene un libro y llaves, habituales también en sus representaciones.

San Juan Evangelista

Óleo sobre lienzo, siglo XVIII, barroco, y anónimo. Ubicado al lado del Evangelio.

Las composición es sobria, con un aire de majestuosidad, seguramente originado por el alargamiento de la figura, así como, por cierto estatismo y su porte elegante, que se combina con su rostro bastante iluminado en contraposición a un fondo neutro.

Se suele representar a San Juan Evangelista como un joven sin barba, cuyos atributos son el águila y un libro (en referencia al evangelio) y serpiente o dragón (que sale de una copa), aunque esto varía según épocas y tradiciones.

Santa Barbara

Óleo sobre lienzo, de estilo barroco, del primer tercio del siglo XVIII. Su figura y culto surgió en Oriente. La obra se atribuye a Hernández de Quintana. Se encuentra a los pies de la nave, en el lado de la Epístola.

La escena se representa en varios planos: en primer término, la santa, que está algo desproporcionada, a la izquierda y en un segundo plano, la torre, un atributo común en sus apariciones, y que hace referencia a la leyenda donde se relata que el padre de Santa Bárbara, llamado Dióscuro, la encerró en una torre, con la intención de sustraerla a las miradas de los hombres. (Otras versiones indican que fue más bien para evitar que se convirtiera al catolicismo).

Destacado, es el fondo paisajístico, de calidad artística superior, imitando a la escuela flamenca. Posee aires de dignidad y majestad, por su postura estática, ello hace que disminuya su emotividad. Su ropaje pudo estar influenciado por Zurbarán, y los detalles que señalan a Hernández de Quintana como su realizador, es su dibujo preciso y correcto, además del color en ropajes y joyas.

Santa Rosa de Viterbo

Óleo sobre lienzo. Fue donada junto con otro lienzo con la imagen de San Francisco, de similares características, en 1745.

En la obra pictórica sobresale la austeridad y los efectos de claroscuro. Permanece de pie, con la cabeza orientada hacia el lado derecho y una expresión mística e intensa, al mirar hacia la cruz que porta en la mano izquierda. Lo más destacado de éste cuadro es el éxtasis devocional de la santa.

Posee un hábito pardo con velo negro, cordón blanco y sandalias; en general vestiduras de aspecto columnario que no hierático. En la cabeza porta una corona de rosas, aunque no se percibe con claridad debido a lo oscuro de la tela y el paso del tiempo. En segundo plano apenas se percibe la cortina que atraviesa la escena en diagonal.