Cristo De La Laguna,

Esperando tu perdón

Sobre las hojas de otoño,

Perdido en mi juventud

De primaveras de oro,

En la Ciudad de la Vega,

Dormido en la cruz de plata.

Y entre tus pies heridos,

Una rosa, enredada

En tu dulce amor.

(Javier De La Rosa)

A La Laguna del Cristo

Es el Cristo tu estandarte,
le aclamas por rey y tu señor,
le invocas en el día de dolor
y pruebas te da de mucho amarte.

Puedes en su bondad siempre fiarte
y darle tiernas muestras de amor;
El premia el fervor;
¡haces bien, patria mía, en ufanarte!

Esclava de tal dueños te proclamas,
ciudad ilustre de preclara historia,
de La laguna el Cristo tú le llamas.

¡Nunca apartes su faz de la memoria!
ese dolorido que tanto amas,
llena en ancho universo con su gloria.

(Mateo Alonso del Castillo y Pérez)

Al Cristo de La Laguna
mis penas le conté yo,
sus labios no se movieron
y sin embargo me habló.

Hoy me acerco anhelante, sabes cuánto,
con los ojos de un hombre malherido,
llorando la tristeza que ha vivido
en este Sinaí de amargo llanto.

Cuánto llaga la vida en este huerto;
cómo tiembla este amor en el olvido;
me acerco a conocerte más perdido
que una voz que se lanza en el desierto.

Y te encuentro abrazado todavía
a la Cruz que irredento te he llevado
y a gritos yo te llamo en mi sequía.

Acude, vuelve a mí cuando anochezca,
que hoy solté el corazón de algarabía
para verte, mi Dios, cuando amanezca.

(José Manuel F. Febles)

“Procesión de madrugada…

¡Cómo brillan los luceros

que los ángeles encienden

por el Cristo lagunero!

Procesión de madrugada…

¡Con qué fervor y silencio

va la gente tras la efigie

del clavado Nazareno

entre filas de alumbrantes

que avanzan a paso lento!

No hay repiques ni cohetes;

no hay murmullos de rezos…

     

Cuando el Mártir moribundo

en el sagrado madero

pasa cual sacro fantasma

entrambos brazos abiertos,

hasta calla, en homenaje,

el tenue rumor del viento;

tan sólo de los tambores

suena el redoble severo,

y acaso una marcha fúnebre

despierta dormidos ecos

que el suave ambiente satura

de congoja y de misterio…

     

Procesión de madrugada:

¡Cómo brillan los luceros

que los ángeles encienden

por el Cristo lagunero!”

(Manuel Verdugo)