En el 2006 se cumplieron cien años de la visita del Rey Alfonso XIII a la ciudad de La Laguna. En ella el monarca, abuelo del actual rey emérito, se dirigió en primer lugar al Santuario del Cristo, donde se cantó un Te Deum y a la salida del templo una esposa sentenciada, que había cometido un crimen en la calle Rosada, le entregó un escrito en el que le pidió su protección.

Una de las juntas más destacadas de la Esclavitud del Cristo fue la presidida por el obispo Nicolás Rey Redondo, quien recibió una petición del Esclavo Mayor, Carlos Hamilton y Monteverde, consistente en lograr la inscripción del Rey Alfonso XIII en la Esclavitud.

Para la visita del Monarca al Cristo se pidieron alhajas a varias iglesias: al Cabildo Catedral, dos blandones de plata, doce candeleros y dos bateas; al Santo Lignum Crucis, pontificales, terno blanco bordado en oro, dos frontales, colgadura de damasco y ocho sillones de terciopelo carmesí bordados en oro; a la iglesia de la Concepción, varas del palio, dos ángeles con vestiduras de plata, cinco lámparas, seis candeleros y dos frontales; el Sagrario, seis candeleros, y al convento de Santa Catalina, palio blanco con bordados de oro.

El trono del Rey se colocó al lado del Evangelio, bajo dosel de terciopelo de seda carmesí galonado de oro, con rico sillón y reclinatorio de lampaso encarnado.

Desde las barandillas de plata del arco del coro se extendieron dos filas de bancos de terciopelo, encabezados con tres sillones a ambos lados destinados a los ministros, autoridades y comitiva regia.

Aunque los laguneros deseaban presenciar el acto, nadie se atrevió a entrar en el santuario del Cristo, "conducta que da ejemplo de la cultura de los hijos de esta histórica ciudad", según resaltan los documentos de la época.

Cuando Alfonso XIII y los infantes salieron a la plaza de San Francisco en el coche real, luciendo sobre el pecho las medallas de la Esclavitud, el público prorrumpió con aclamaciones.

La medalla que la Esclavitud del Cristo ofreció al Rey fue de oro, de colores, pendiente de un cordón de seda y oro con pasador en forma de corona real de oro y con la siguiente inscripción: "A su Majestad el Rey don Alfonso XIII. 1906". Las medallas de los infantes fueron de plata.

Título Perpetuo

La Esclavitud del Cristo de La Laguna entregó un título a Alfonso XIII nombrándolo Esclavo Mayor Perpetuo. En el Libro de Visitas de esta entidad, el Rey escribió: "En el año de 1906 visité este Santuario del Santísimo Cristo de La Laguna y me constituí esclavo de Nuestro Señor Jesucristo en esta su devotísima imagen".

Las medallas que recibieron el Rey y los infantes María Teresa de Borbón y Baviera y Fernando de Baviera y Borbón las realizó el orfebre Rafael Fernández Trujillo. El pergamino del título de Esclavo Mayor lo hizo en oro, plata y colores una religiosa de la Asunción.

Según la escritora Elsa Melián González, Alfonso XIII visitó también el colegio de las Asuncionistas de San Diego del Monte, el Obispado, la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife y el Ayuntamiento de La Laguna.

Crónica de la Visita 

En 1906, la Familia Real y su séquito visitaron la isla, del 26 al 29 de marzo. Lo trascendental del acontecimiento quedó plasmado en el gran recibimiento que tuvieron. 

A las once de la mañana pisaron, por primera vez, tierra canaria en el desembarcadero, adornado con un hermoso templete. Veintiún cañonazos, cohetes, sirenas y las aclamaciones del pueblo le dieron la bienvenida.

El día 27, marchó en tranvía a la histórica ciudad, donde se ofició un Te Deum en el Cristo. “La batería de Montaña, colocada en San Roque, mientras la banda dejaba oír los acordes de la marcha real”, agolpándose una gran cantidad de personas a su paso por la calle de Herradores, emitiendo innumerables vítores. El Rey se inscribió como Esclavo Mayor Perpetuo y los Infantes, Mª Teresa y Fernando de Baviera, como Esclavo de número. Les concedería el título de Real y el uso del escudo de las Armas Reales. Después, visitaron el Instituto General y Técnico y el Palacio Episcopal, donde hubo recepción y banquete. Muchas fueron las peticiones (Instituto Naval...). Posteriormente, se dirigieron al convento de San Diego (colegio asuncionista), cuya superiora había educado a la Infanta.