RECORDAR ES REVIVIR

Justamente, en la Cuaresma de este año, 2017, se cumple el vigésimo aniversario de un acontecimiento extraordinario  del que fue protagonista principal el Stmo. Cristo de La Laguna.

Se celebraba entonces  el Quinto centenario de la Fundación de la Ciudad de san Cristóbal de La Laguna. Con tal motivo, el Sr. Obispo, don Felipe Fernández García, de feliz memoria, solicitó del Santo Padre la concesión de la gracia del  Jubileo, que, como se sabe, viene enriquecido con la posibilidad de lucrar Indulgencia Plenaria, cumpliendo las condiciones señaladas por la Iglesia. San Juan Pablo Segundo, entonces Pontífice Supremo de la Iglesia, otorgó de buen grado la gracia solicitada, pudiéndose ganar el don de la Indulgencia Plenaria desde Julio de 1996 hasta la misma fecha de 1997.

Entre todos los actos celebrados para conmemorar efemérides tan señalada, la del Quinto Centenario de la Fundación de La Laguna, a la que va íntimamente unida la siembra de la fe católica en la Isla, por iniciativa de los Párrocos de Ntra. Sra. de los Remedios, de Ntra. Sra. de la Concepción, de Santo Domingo de Guzmán y San Juan Bautista, se programó, con el apoyo entusiasta del Sr. Obispo, que, a partir de la primera semana de Cuaresma del 1997, la Imagen del  Santísimo Cristo de La Laguna, con un verdadero sentido misionero y revitalizador de la fe de los habitantes de la Ciudad, visitara los Templos de las Parroquias indicadas, permaneciendo en cada una durante seis días, salvo en la de San Juan, por sus reducidas dimensiones.

El propio Obispo marcó el sentido de la peregrinación con la Imagen del Stmo. Cristo con estas dos consignas: En Cristo, es Dios mismo quien nos habla y en Cristo, es Dios mismo quien nos busca.

Porque en Cristo es Dios mismo quien nos habla… Porque es el Hijo de Dios hecho carne, Dios hecho hombre, Dios humanado, el Emmanuel, Dios con  nosotros. Todo se nos ha dado ya con Él y no hay ningún nuevo mensaje religioso ni nuevos mensajeros que esperar. Lo que se nos pide es escucharlo, acogerlo, dejarlo entrar en nuestro corazón. Escucharlo de una manera más sincera y más coherente,  es orientar la vida por el buen camino, el verdadero camino, el único camino, teniendo presente, en medio de tantas preguntas y tantas dudas, la clave segura que nos dejó San Pedro: “¿A dónde vamos a ir? Solo Él tiene palabras de vida eterna”. (Jn.6,68)

En  segundo lugar, en Cristo, es Dios mismo el que nos busca. Dios nos busca. Como el Buen Pastor a la oveja perdida. Movido desde lo más íntimo de su ser. Movido por su corazón de Padre, enviándonos a su Hijo, nacido de María, para elevarnos a la dignidad de hijos adoptivos suyos. Jesucristo es la prueba culminante y definitiva de que Dios nos ama y nos busca. Es ésta una certeza duce, consoladora: Dios nos busca, a través de Jesucristo, en su Imagen del Señor Crucificado.

Estas dos consignas estuvieron presentes en las Parroquias en las que hizo  estación el Stmo. Cristo de La Laguna, sobrenadando siempre estas dos preguntas: ¿Estamos dispuestos a responder a su llamada? ¿Queremos dejarnos encontrar por Dios a través de Jesús? ¿Le abriremos la puerta de nuestro corazón, entregándole toda nuestra vida?

El primer Domingo de Cuaresma, 16 de febrero de 1997, por la tarde, con inusitada alegría e incontenida  emoción, acudieron al Real Santuario innumerables fieles, entre los que destacaban los pertenecientes a la Parroquia de Santo Domingo, para unirse,  con devoto recogimiento, a los  que esperaban en el Templo de la Plaza de San Francisco  la salida en procesión de la Imagen del Stmo. Cristo, que iba a tener su Trono durante toda la semana en el presbiterio superior de la Iglesia dominicana, adornado con sencillez, por estar en Cuaresma, pero con exquisita delicadeza y finura.

La semana de la estancia del Stmo. Cristo en Santo Domingo fue intensísima. Se programaron y realizaron celebraciones para los fieles de todas las edades, siendo multitudinaria la asistencia a todos los actos .El domingo, día 23 de Febrero, fue la apoteosis: era la hora de la despedida. La jornada transcurrió  con más fervor, si cabe, que los días precedentes hasta la hora del traslado del Stmo. Cristo a la Iglesia de Ntra. Sra. de la Concepción. Sobre las 5 de la tarde comenzó el desfile procesional por la Calle de Santo Domingo, Plaza del Adelantado y Carrera hasta la Parroquia Matriz, repitiéndose el entusiasmo por parte de los fieles de dicha Parroquia al acoger al Señor de La Laguna y tenerlo durante toda la semana como centro de la vida espiritual y religiosa de sus feligreses.

Al igual que en Santo Domingo, en la Parroquia de la Concepción, se tuvieron celebraciones de todo tipo y para todas las edades con gran afluencia de fieles.

El 2 de Marzo de 1997, sobre las cinco de la tarde y con un tiempo espléndido, llegó la hora de la despedida y el traslado a la Santa Iglesia Catedral, recorriendo las calles San Antonio, 6 de diciembre, Núñez de la Peña, Baltasar Núñez, Ciprés, hasta la Plaza de San Juan, donde, ante la fachada del Templo, dedicado al Precursor del Señor, tuvo lugar, según lo previsto,  la celebración  solemne de la Eucaristía, presidida por nuestro Sr. Obispo.

Finalizada la celebración eucarística, se reanudó  la procesión hacia la Santa Iglesia Catedral, por las Calles Pablo Iglesias, San Juan hasta el Templo catedralicio en el que culminaron estas jornadas misioneras del Stmo. Cristo de La Laguna, regresando a su Santuario, el día 9 de Marzo, Cuarto Domingo de Cuaresma.

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