Las Sacras

Las sacras o tabellae secretarum (tablas de oraciones secretas), son tres tablillas en las que se graban las oraciones que el sacerdote debe decir para que pueda leerlas sin necesidad de recurrir al Misal. Generalmente son pergaminos con las oraciones bellamente impresas que se enmarcan decorosamente. Se usan en la forma extraordinaria, y antes del Concilio Vaticano II en todas las Misas.

El misal únicamente prescribe una, que se coloca al centro del altar (al pie del crucifijo o delante del sagrario), en donde se graban las palabras de la Consagración, el Gloria y el Credo. Su objeto es que el sacerdote pueda leer ahí la fórmula consagratoria sin tener que voltear la mirada al misal.

Además de esta sacra central, la costumbre manda poner otras dos. Una a la derecha del celebrante, en el “lado de la Epístola”, en donde se imprime la oración del Lavabo (Lavabo inter innocentes manus meas…). La otra sacra se coloca a la izquierda del celebrante, en el “lado del Evangelio”, en donde se imprimen los primeros 14 versículos del Evangelio de San Juan (In principio erat Verbum…), el llamado Prólogo, que se lee al final de la Misa.

Las sacras sólo se colocan durante la celebración de la Santa Misa, por lo que al término de ésta y durante la exposición del Santísimo no deben de figurar ahí. 

El Faldistorio

En la catedral de cada diócesis se encuentra la cátedra o trono del obispo. En ella únicamente se puede sentar el obispo diocesano o el obispo a quien éste se lo permita. En la forma tradicional, cuando un obispo celebra en una catedral de otra diócesis y no se le concede el uso de la cátedra, usa una silla especial llamada “faldistorio pontificio” o “pontificaleta”. De ahí se decía que se podía “celebrar al trono” o “celebrar al faldistorio”

Las misas papales siempre se celebran “al trono”, porque la jurisdicción del papa es suprema. Los cardenales, salvo cuando están en Roma, también celebran “al trono”. Un arzobispo también puede celebrar “al trono” en las catedrales de las diócesis sufragáneas de su arquidiócesis.

El faldistorio también puede ser usado por un obispo en su catedral en algunos ritos particulares, como en las ordenaciones, en las que predica, recibe las promesas e impone las manos en un faldistorio colocado frente al altar. En el nuevo rito se prevé la opción de que estas acciones las presida desde la cátedra o desde “una sede” especial colocada frente al altar. (CO nn. 493, 499, 532, 546, 576)

El hecho de que el papa siempre celebre “al trono” no significa que no se utilice el faldistorio en la liturgia papal. Se usa, pero no como asiento, sino como reclinatorio del papa. El Santo Padre pone las rodillas sobre un cojín y recarga los brazos y el tronco sobre el faldistorio.

Las Insignias Basilicales

Basílica significa “casa real”. En la antigüedad, en Grecia y Roma eran edificios públicos suntuosos que se destinaban para administrar justicia o salones de trono. Arquitectónicamente su estructura consistía en un gran espacio rectangular que se organizaba en torno a un espacio entre columnas (una nave central) muy ancho que era flanqueado por otras dos o cuatro naves laterales más pequeñas. Tras el Edicto de Milán, se empezaron a erigir templos cristianos usando la forma arquitectónica basilical.

Con el tiempo, la categoría de “basílica” se desligó de la estructura arquitectónica para adquirir un significado litúrgico. Desde el punto de vista litúrgico, un templo es basílica cuando el papa le otorga esta distinción por su importancia, su historia o algún otro aspecto que le de relieve. Así pues, con independencia de que un templo tenga desde el punto de vista arquitectónico tenga un trazo cruciforme, basilical, o de otro tipo, puede tener la categoría litúrgica de basílica por concesión papal.

Hay dos tipos de basílicas: las mayores y las menores. Las mayores solo son cuatro y están en Roma: San Pedro, San Pablo, Santa María la Mayor y San Juan de Letrán. Las basílicas menores pueden estar en Roma o en cualquier otra parte del mundo.

Para obtener el título basilical, un templo debe ser una iglesia consagrada y que tenga una peculiar cuidado en la celebración de la Eucaristía, de la  Penitencia, y los demás sacramentos, contando con la activa  participación de los fieles; debe contar con un número suficiente de clérigos para atender el culto divino y el confesionario; y debe de tener un número suficiente de ministros del altar y una cantores, para fomentar la participación  los fieles, así como la música y el canto.

Cuando un templo tiene el título de basílica, conlleva que los fieles puedan lucrar indulgencia plenaria si se visita el día del aniversario de la dedicación de la misma basílica, el día de la titular principal, en la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, el día del aniversario de la concesión del título basilical, un día elegido por el obispo diocesano, y el  día elegido una vez al año por cada uno de los fieles.

Las basílicas tienen derecho a usar unas determinadas insignias:

La primera es la umbrela basilical, que es una umbrela hecha con doce franjas de seda o damasco que alternan los colores rojo y amarillo, que son heredados del Senado Romano, y que fueron adoptados para la umbela como insignia del gobierno papal. Se remata por un globo con una cruz, ambos de metal dorado, todo montado en una pértiga. Se coloca en algún lugar de la basílica, y se lleva en las procesiones. La umbrela permanece semiabierta esperando al Pontífice, y solamente se abre del todo para recibir a éste.

La segunda es el tintinábulo, que es una pequeña campana de metal, de, montada en un campanario que se lleva sobre un astil. El campanario es tradicionalmente un bastidor de madera o metal con el titular de la basílica pintado o grabado en una cara y el escudo en la otra. El tintinábulo se usa en las procesiones. Parece que su origen tenía una finalidad práctica, avisar de la procesión. 

Las Crismeras

Las crismeras son los vasos en donde se guardan los santos óleos: el óleo de los catecúmenos, el óleo de los enfermos y el Santo Crisma. Pueden ser de dos formas: unos granes para guardar el óleo en los templos y unos chicos para administrar los sacramentos fuera de ahí.

Después de la Misa Crismal, el párroco recibe los óleos y tiene la obligación de guardarlos con diligencia en un lugar decoroso (Código de Derecho Canónico, c. 847). Lo usual es guardarlos en un armario o urna noble que se coloca en el baptisterio o en la sacristía. Ahí es conveniente colocarlos en las crismeras grandes y artísticas, para usarse en la administración de los sacramentos dentro del templo.

Pero también existen unas crismeras tubulares y divididas en tres secciones que son prácticas para poder administrar sacramentos fuera de la iglesia.

La bandeja de la Comunión

La bandeja de la comunión es un platillo que se utiliza para que las partículas o gotas del pan y del vino consagrados (si se da bajo las dos especies) no caigan al suelo, sino que se queden sobre esta bandeja, que posteriormente será purificada. Es una muestra de fe, delicadeza y amor con el Santísimo Sacramento. La Instrucción General del Misal Romano prevé que se use (n. 118), y la Instrucción Redemptionis Sacramentum señala que “se debe mantener, para evitar el peligro de que caiga la hostia sagrada o algún fragmento.”

Hasta el momento de la comunión se suele colocar en la credencia. Durante la comunión la sostiene un acólito, generalmente situado a la izquierda del sacerdote. Si se sitúa a la siniestra el acólito, conviene que sostenga la bandeja con la mano izquierda para que sea más natural su movimiento acompañando la Forma.

Las Vinageras

Las vinajeras son dos jarras pequeñas usadas en la Santa Misa, para contener el agua y el vino que se utilizarán. Pueden hacerse de distintas formas y tamaños, pero usualmente tienen asas y alguna pieza que permita taparlas.

Se recomienda fabricarlas en cristal, porque se limpian fácilmente, se evita la reacción del vino con un metal, y su transparencia evita confundir el agua y el vino. Pero también pueden hacerse de algún otro material. En este caso es aconsejable ponerle una V (Vinum) a la vinajera del vino y una A (aqua) a la del agua, para poder distinguirlas fácilmente.

Es usual que las vinajeras se coloquen sobre una bandeja especialmente hecha para éstas, que permite transportarlas con facilidad.

Antes de la Misa, deben colocarse sobre la credencia con suficiente agua y vino. De ahí son llevadas al altar para preparar el cáliz. Después, se regresan a la credencia. Si los fieles presentan el vino al sacerdote en el ofertorio, se colocan en una mesa fuera del presbiterio, donde las toman los fieles. Una vez preparado el cáliz, se llevan a la credencia. En caso de que las abluciones se hagan en el altar, son llevadas nuevamente para ello. 

La cucharilla del agua

El Código de Derecho Canónico dispone que el Sacrificio se debe de ofrecer con pan y vino, “al cual se ha de mezclar un poco de agua.” (Can. 924 § 1.). La mezcla del poco de agua con el vino se realiza en el ofertorio, en donde el sacerdote de pie a un lado del altar “vierte en el cáliz vino y un poco de agua, diciendo en secreto: Por el misterio de esta agua…” (IGMR n. 142).

¿Cuánto es el “poco de agua” que debe de mezclarse? Esto supuso un debate en la Edad Media. Para asegurarse que fuera más vino que agua, en Flandes, Francia, Inglaterra y Alemania apareció una cucharita que permitía poner poco agua en el vino.

Al poco tiempo surgieron vinajeras con una forma de cánula que permitieron dosificar el agua y supusieron una alternativa a la cucharilla. Eso implicó que las cucharillas cayeran en desuso salvo en algunos países.

La cucharilla no está prevista en las rúbricas. En el siglo XIX se preguntó a la Sagrada Congregación de los Ritos sobre su uso, y se respondió que “el uso de una pequeña cuchara no está prohibido”, con lo que la autorizó en los países en donde existía la costumbre de usarla, como en los germánicos y en España. En España, no obstante, la cucharilla ha caído en desuso.

En España la cucharilla solía estar sujeta a una cinta que se termina por la otra punta en una borla o en una medalla; dicha cinta se colocaba sobre el purificador, haciendo colgar la cucharilla por un lado y la borla por el otro. En Alemania y en los países germánicos la cucharilla va sola, por eso se la pone dentro de la copa del cáliz, sobre el purificador que, a causa de ello, debe ser hundido en el centro, hasta el fondo de la copa. En algunos lugares la cucharilla se coloca en la bandeja de las vinajeras.

Con independencia de dónde se coloque antes del ofertorio, se emplea del siguiente modo: el sacerdote o el ministro vierte vino de la vinajera en el cáliz; deja la vinajera y con la cucharilla toma un poco de agua de la otra vinajera y la echa en el cáliz mientras dice la oración; tras ello, deja la cucharilla.

El Cáliz

El cáliz es el vaso sagrado que se usa para consagrar la Sangre de Cristo en la Misa.

El cáliz debe ser un vaso bello. En cuanto a su forma, la Instrucción General del Misal Romano dispone que corresponde al artista fabricarlos de acuerdo a las costumbres, con tal de que sean adecuados para su uso y se distingan de los destinados al uso cotidiano (n. 332). Sin embargo, parece preferible la forma tradicional: con una copa y una base amplia y estable, porque evita accidentes con la Preciosa Sangre y es una símbolo eucarístico familiar para el pueblo.  

Los cálices deben fabricarse de un metal noble, o de otros materiales sólidos, como el ébano, si lo autoriza la Conferencia Episcopal y la Sede Apostólica. (IGMR, n. 329). Un cáliz de cristal o de cerámica se puede romper con facilidad. En cualquier caso, la copa debe ser de un material que no absorba líquidos, aunque el pie puede ser de otros materiales (IGMR n. 330). Sin embargo, si la copa es de un metal oxidable o menos noble que el oro, debe dorarse por dentro (IGMR, n. 328), como reverencia hacia la Sangre de Cristo.

Los cálices deben de ser bendecidos por el obispo o por el sacerdote antes de ser usados. (Ceremonial de Obispos n. 986 e IGMR n. 333). 

La Patena

La patena es vaso sagrado consistente en un platillo redondo de metal en el que se coloca la hostia durante la Misa. Con el tiempo ha disminuido su tamaño. Antiguamente eran cóncavas en la cara interna, y tenían bajorrelieves y adornos en sus bordes, pero paulatinamente han perdido sus adornos hasta volverse platos lisos y casi planos.

Al igual que el cáliz, está prescito que se elabore de un metal noble, aunque pueden hacerse de otros materiales sólidos si lo autoriza la Conferencia Episcopal y la Sede Apostólica. (IGMR, n. 329). Pero si la parte interior es de un metal menos noble que el oro o es oxidable, debe dorarse la parte interior. (IGMR, 328), como reverencia al Cuerpo de Cristo.

El Copón

El copón es un recipiente metálico destinado a reservar y distribuir la Eucaristía en las iglesias.

En siglos anteriores la Eucaristía se guardaba en unas cajitas cilíndricas de marfil o madera llamadas turres. En el siglo XI se adoptó la píxide con tapa, y desde el siglo XVI adoptó la forma que actualmente tienen los copones.

En cuanto a su forma, corresponde determinarla a los artistas, de acuerdo a las costumbres de cada región, siempre y cuando sea adecuado para el uso litúrgico al que se destina y se distinga de otros recipientes destinados al uso cotidiano, conforme a la Instrucción General del Misal Romano (n. 332).

Por lo que hace a su material, pueden ser de un metal noble o de otros materiales sólidos siempre y cuando sean aptas para el uso sagrado (IGMR n. 328 y 329). Sin embargo, parece que su interior debe de dorarse por estar en contacto con la Santísima Eucaristía.

Los copones deben bendecirse conforme a los ritos prescritos. Esta bendición la puede realizar el obispo o cualquier presbítero.

Mientras contenga la Eucaristía debe de permanecer tapado, salvo cuando se utiliza para dar la Comunión. En este caso, el copón puede ser cubierto con un velo llamado capillo o cubrecopón.

Durante la celebración de la Santa Misa, las hostias que van a consagrarse tanto para el sacerdote como para los ministros y fieles, pueden colocarse en una patena amplia (IGMR 331). Sin embargo, para celebraciones en las que participa gran número de fieles y para reservarse en el Sagrario, es mejor utilizar un copón con mayor capacidad.

La Custodia

La custodia u ostensorio es la pieza en donde se coloca el Santísimo Sacramento para ser expuesto a la adoración.

Surgió con el objeto de prolongar la exposición del Santísimo de las elevaciones, y presentar al Señor a los fieles para ser adorado.

La custodia puede realizarse de distintos materiales y de distintas formas, pues corresponde al arista decidirlo, como indica la Instrucción General del Misal Romano (n. 332). Antiguamente se requería que en su parte superior terminara con una cruz visible. En su forma más habitual se construye con unos rayos metálicos que salen del espacio en donde se coloca la hostia, para recordar que Jesús es el sol que nace de lo alto (Lc 1, 78).

En la custodia se coloca el Santísimo gracias a una media luna o viril que le da soporte. Por tener contacto con el Cuerpo de Cristo, se ha considerado que tiene que si es de un metal menos noble que el oro, debe dorarse por dentro. El viril, con la Sangrada Forma, se guarda en el sagrario, en una píxide especial.

Es costumbre que, cuando la custodia no está siendo usada, esté cubierta con un velo o una funda. 

La Palmatoria

La palmatoria es un objeto en forma de platillo y provisto de asa en el borde, ideado para sostener una vela.

Antes de la reforma litúrgica, y actualmente en las misas que se celebran con la forma extraordinaria, la palmatoria se enciende en la credencia tras el Sanctus y se coloca el altar del lado izquierdo, paralela al corporal y no muy lejos de el. En las misas que presiden prelados, la palmatoria se usa toda la misa, al lado del misal.

La palmatoria también se lleva para la comunión acompañando al Santísimo, a menos que haya ceroferarios. Si hay dos acólitos, el de la izquierda lleva la palmatoria; si solo es uno, con la mano derecha sostiene la bandeja de comunión, y con la izquierda coge el mango de la palmatoria, colocando el extremo sobre el ángulo del brazo derecho.

Decíamos que anteriormente la palmatoria acompañaba al Santísimo mientras el sacerdote daba la comunión, salvo que se usaran ceroferarios. El Papa Benedicto XVI recuperó el uso de los ceroferarios mientras daba la comunión. Aquí unas fotos en que se puede ver la vela junto al papa dando la comunión.

La umbrela, el palio y el baldaquino

En las procesiones de Corpus Christi se usan algunos objetos para cubrir la custodia con el Santísimo Sacramento.

En primer lugar está la umbrela, que es una especie de paraguas de tela y bordados finos, con la que se cubre a la Eucaristía en los traslados cortos y los que son dentro de una iglesia.

En segundo lugar está el palio, que es un paño rectangular sostenido por varas, que suele estar ricamente bordado en su parte superior así como en sus caídas, que se llaman bambalinas.

La palabra palio tiene otros dos significados en el ámbito litúrgico. Por una parte, es el ornamento de lana que usan sobre sus hombros los arzobispos. Por la otra, es el lienzo con el que se cubre el cáliz durante la misa para evitar que caiga polvo o entren insectos. En este último caso también se le llama palia.

Finalmente, el Santísimo puede ser trasladado en un baldaquino, que es una estructura de madera o de metal formado por columnas en las que descansa un techo o dosel, en medio de la cual se coloca la custodia.

El Lavabo

En la liturgia se utiliza la jofaina y el aguamanil. No son objetos litúrgicos, sino objetos que se usan en la liturgia. Es decir, se trata de objetos cuyo uso es anterior a las celebraciones, y cuyo uso no se limita a la liturgia.

El aguamanil es el jarro con pico vertedero y asa grande en el que se coloca agua para ser derramada sobre las manos.

La jofaina es el recipiente en el que cae el agua que se vierte con el aguamanil en el lavado de las manos.

Ambos se hacen a juego y pueden ser de cristal, de cerámica o de metal. En muchos lugares el aguamanil y la jofaina de metal se reservan al obispo, pero no hay una norma sobre ello. 

 

El Incensario y la Naveta

El incienso es una resina que, cuando se quema, emite un olor agradable. Esta resina se toma de la savia de las plantas de la familia terebintáceas.

En las Escrituras aparece el incienso varias veces con un significado de culto, honor y oración de sacrificio, además de los usos de aromatización y purificación.

Como culto aparece en la ofrenda de los Magos al niño Jesús (Mateo 2,11). Con ese incienso, los magos adoraron al niño Jesús, es decir le dieron un uso latréutico, es decir, de instrumento de culto.

Como honor también aparece en los regalos de los Magos al Señor. Cada uno de los obsequios resaltan una característica: oro porque es Rey, incienso porque es Sacerdote, y mirra porque es profeta, Cristo. Aquí vemos, por lo tanto, el uso de incienso como un honor hacia lo sagrado. Por eso la Iglesia usa incienso en honor a los sacerdotes, reliquias, imágenes e incluso las personas.

Finalmente, como oración y sacrificio, aparece en el salmo 141, en donde dice “Suba a ti, Señor, mi oración como incienso en tu presencia.”, y en el Apocalipsis se menciona que vino un ángel “que se ubicó junto al altar con un incensario de oro y recibió una gran cantidad de perfumes, para ofrecerlos junto con la oración de todos los santos, sobre el altar de oro que está delante del trono. Y el humo de los perfumes, junto con las oraciones de los santos, subió desde la mano del Ángel hasta la presencia de Dios.”

El incensario es un pequeño brasero suspendido por cadenas, en la que se quema el incienso. También se le  llama turíbulo.

Tiene varias partes:

1.-  Base,  que es el lugar en donde se depositan los carbones y el incienso, que sirve como brasero.

2.- Tapa (opérculo), que es la parte superior del cuerpo del incensario, y es lo que permite abrir y cerrarlo.

3.- Las cadenas, que son las que sostienen la base del incensario y la tapa. Normalmente son tres unidas la base y una más unida a la tapa.

4.- El disco, que es un cilindro al que llegan las tres cadenas unidas a la base.

5.- Las argollas, que son dos anillos: uno se encuentra en la parte superior del disco y uno más al final de la cadena que sale de la base.

naveta ourivesaria portuguesa primeira metade do seculo xvii1

La naveta es el complemento obligado del incensario. Consiste en una caja que contiene el incienso. Normalmente, tiene forma de nave, de ahí su nombre.  Siempre va acompañado de una cuchara con la que se pone el incienso en el turíbulo.

El Atril

La Instrucción General del Misal Romano dispone que, terminada la oración universal, el acólito coloca sobre el altar el misal (n. 139). No dice nada acerca de que el misal se debe colocar sobre un atril. Sin embargo, siguiendo la antigua costumbre, suele colocarse sobre un atril.

El atril es útil para facilitar el cambio de páginas y la lectura. Puede adornarse con una tela del color litúrgico del día.

En la forma ordinaria, conviene que el atril se coloque en la credencia desde el inicio de la Misa y hasta el comienzo de la Liturgia Eucarística, en que se lleva con el misal al altar. Ahí permanece mientras se usa, por lo que debe regresar a la credencia para decir la oración después de la Comunión.

Antiguamente el misal también podía colocarse sobre una almohadilla.

En la forma tradicional pueden colocarse dos atriles, uno a la derecha y otro a la izquierda. Como hay partes de la Misa que se dicen en el lado de la epístola y otras en el lado del Evangelio, y si los atriles son grandes y pesados, se evita el tener que trasladarlos, y se puede simplemente mover el misal.

En la actualidad existe otro tipo de atril en la liturgia, que es el que tiene una base que llega hasta el piso. Se utiliza para sostener el misal frente al celebrante cuando se encuentra en la sede. Se parece al ambón, pero no lo es. Para que no se confunda, debe ser más sencillo. Y debe ser móvil, de forma que se pueda retirar con facilidad. Si un acólito sostiene el misal, no se requiere. También se usa para sostener los papeles de apoyo para la homilía, cuando se dice desde la sede. Esta es la forma en la que lo usa el papa Francisco. 

La Campanilla

La campanilla es un objeto litúrgico que sirve para llamar la atención de los fieles que participan en la Misa o en otras celebraciones. Su uso depende de las costumbres. Puede utilizarse en el momento de partida de la procesión de entrada para que los fieles se pongan de pie y el coro inicie el canto. También se usa en la Liturgia Eucarística para avisar que Jesús se hará presente, por lo que puede tocarse en la epíclesis y en las elevaciones.  

 La Instrucción General del Misal Romano dispone que si se considera conveniente, “un poco antes de la consagración” el acólito puede advertirlo con un toque de campanilla y, de acuerdo a las costumbres locales, tocarla en cada elevación. (n. 150).

 En la liturgia papal se toca la campanilla una sola vez antes de la epíclesis, y se toca tres veces durante cada elevación.

La foto que ilustra la entrada es la campanilla usada en las celebraciones papales en la Basílica de San Pedro. 

El Puntero

El puntero es una varilla que termina en una punta o con una manita con el dedo índice extendido, y que por el otro extremo termina con una argolla a la que se le une una cadena o un cordoncillo que permite colgarlo de la mano de quien lo porta.

Lo usaba el maestro de ceremonias para indicarle al celebrante qué parte del libro litúrgico debía de leer. Su razón de ser era eminentemente práctica: poder alcanzar un texto que le quedaba lejano en un libro de amplias dimensiones, además de que se evitaba manchar el libro al tocarlo con el dedo.

Los judíos usan un puntero similar, llamado yad, para seguir la lectura de la Torah.

Su uso fue muy extendido. Tanto que llegó a ser el símbolo del maestro de ceremonias. Últimamente ha caído en desuso.

Se podía usar por un ceremoniero en cualquier celebración, con independencia de que fuera o no presidida por un obispo o que se llevase a cabo en una catedral. 

El Cirio Pascual

El cirio pascual es una vela de tamaño mayor a las demás, que tiene dibujada una cruz, el signo del alfa, del omega y el año y cinco granos de incienso clavados. Es un símbolo de Cristo resucitado y de su luz. Es una vela de renovación anual. Se bendice en la Vigilia Pascual de cada año, con lo cual se sustituye el del año anterior.

En la Vigilia Pascual, fuera de cada templo, se enciende el fuego nuevo y se bendice con una oración. Tras ello, se le pasa al celebrante el cirio, en el que traza una cruz, el signo del alfa y el del omega y cinco granos de incienso de la siguiente forma:

Traza la raya vertical y dice: “Cristo ayer y hoy”
Traza la línea horizontal y dice: “Principio y fin”
Traza la letra alfa sobre la línea vertical y dice: “Alfa”
Traza la letra omega debajo de la línea vertical y dice: “Y Omega”
Traza el primer número del año en curso en el ángulo superior izquierdo de la cruz y dice: “Suyo es el tiempo”
Traza el segundo número del año en curso en el ángulo superior derecho de la cruz y dice: “Y la eternidad”
Traza el tercer número del año en curso en el ángulo interior izquierdo de la cruz y dice: “Á el la gloria”
Traza el cuarto número del año en curso en el ángulo interior derecho de la cruz y dice: “Por lo siglos de los siglos. Amén”.
Después, el celebrante incrusta cinco granos de incienso en forma de cruz mientras dice en cada grano:

Por sus llagas
santas y gloriosas
nos proteja
y nos guarde
Jesucristo nuestro señor. Amén
Tras ello es llevado el cirio encendido en procesión hasta el presbiterio. Ahí se coloca en un candelero a un lado del ambón (no en el centro del presbiterio). Ahí debe de permanecer todo el Tiempo de Pascua, encendiéndose en las celebraciones litúrgicas.

Terminado el Tiempo de Pascua, el cirio debe de colocarse junto a la fuente bautismal y permanecer apagado. Únicamente se encenderá en los bautismo, y también puede usarse en las misas exequiales, colocado junto al féretro, y en las bendiciones de nuevas fuentes bautismales. 

El Tenebrario

El tenebrario es un candelabro de forma triangular con quince velas, dispuestas escalonadamente. Se usaba en el Oficio de Tinieblas de la Semana Santa.

De acuerdo con el antiguo Ceremonial de Obispos, en el tenebrario debían de colocarse velas de cera sin blanquear, aunque en algunas iglesias se usaba una vela blanca en el vértice del triángulo.

El tenebrario simboliza el día de la muerte de Jesucristo en la Cruz. Las quince velas representan a los once apóstoles, las tres Marías (María Salomé, María de Cleofás y María Magdalena) y la Virgen María, es decir, aquellos que acompañaron a Jesús ese día. La vela más alta representa a la Santísima Virgen, la única que creyó en la Resurrección. El triángulo mismo simboliza la Santísima Trinidad. 

 

El Gremial

El gremial (del latín gremium, regazo) es un paño cuadrado del mismo color que los ornamentos que se pone sobre las rodillas del obispo en las ordenaciones, durente la dedicación de los templos, y durante el lavatorio de los pies en la misa in Coena Domini, la tarde del Jueves Santo. Su uso tiene un sentido práctico: no manchar lor ornamentos (casulla o dalmática) con el Santo Crisma que se ocupa en las ordenaciones y en las dedicaciones de los templos, ni mojar la dalmática en el lavatorio de los pies. 

En el antiguo rito de consagración episcopal, el gremial también se amarraba a la cabeza del consagrado. Después de la imposición de las manos y de la oración consactaroria, se le ataba al nuevo obispo un gremial de lino en la cabeza. Una vez que se hacía esto, se le ungía la cabeza con el santo crisma. Mientras hacía eso, el obispo consagrante principal tenía otro gremial en las rodillas. Así pues, el crisma no se derramaba por la cara del nuevo consagrado, ni tampoco manchaba la casulla del obispo consagrante.

 

El Conopeo

El conopeo es un velo que cubre el sagrario donde se reserva la Eucaristía. Debe ser del color litúrgico propio del día, salvo negro. En algunos casos es de tul y en otros es de una tela más pesada. Si el Santísimo se retira, se quita el conopeo o se levanta.

El conopeo es un signo de la tienda del tabernáculo del Arca de la Alianza. Por tanto, debe recubrir el sagrario completamente. Esto supone que muchas veces se oculte la suntuosidad o el arte empleado en la construcción del sagrario. Sin embargo, esto hace que todos los sagrarios sean iguales, desde los más sencillos hasta los de mayor elaboración: todos parecen una rica tienda en la cual habita el Señor.

El conopeo, además, tiene una función práctica, pues indica que el Santísimo está en su interior. De esta forma, en un templo con varios sagrarios, los fieles pueden saber en donde está reservado el Santísimo porque tiene un conopeo. 

El Velo del Copón

El velo del copón también llamado capillo o cubrecopón es  una pieza circular de tela dorada o seda blanca, que se usa para cubrir el copón cuando contiene formas consagradas.

A diferencia del cáliz, que se cubre con un velo cuando no se usa, el copón puede cubrirse cuando en su interior hay formas consagradas. Su objeto es hacer notar que dentro está el Cuerpo de Cristo, y con ello evitar accidentes derivados del desconocimiento de si las hostias han sido o no consagradas. Su uso no es obligatorio, pero es muy recomendable por la razón antes señalada.

Como se decía, mientras el Santísimo Sacramento esté reservado en él, el copón se puede cubrir, y se debe eliminar el velo cuando no lo esté. Por tanto, al inicio de la Misa debe de estar descubierto el copón, y se le coloca el velo justo antes de colocarlo en el tabernáculo después de la Comunión. Esto quiere decir que tras la consagración no debe de velarse el copón, sino hasta que se va a reservar. 

El Velo del Cáliz

El velo del cáliz es un pequeño paño del mismo color y tela de la casulla (o siempre blanco), que sirve para cubrir todo el cáliz desde el comienzo de la misa hasta el ofertorio; y luego, después las abluciones. No es obligatorio usarlo, pero la Instrucción General del Misal dice que es un uso loable (núm. 118).

La presencia de cortinas y velos en la liturgia se debe al culto judío. Por ejemplo, a la entrada del santuario en el templo de Jerusalén, el velo era una señal de reverencia ante el misterio de la “Shekinah”, la presencia divina.

El velo es un signo de la necesidad de no tocar con las manos impuras, cosas sagradas: un símbolo de la pureza espiritual de la necesidad de estar más cerca de Dios. Si la liturgia se compone de símbolos, esta es una de las más importantes. En principio, los vasos sagrados, cuando no esté en uso, siempre están velados para aludir a la riqueza que se esconde allí. Es por ello que el cáliz debe cubrirse cuando no se usa. 

La bolsa de los Corporales

La bolsa de los corporales es una funda en la cual se guardan los corporales cuando no están extendidos en las celebraciones litúrgicas. Está formada de dos piezas de cartón de forma cuadrada forradas del mismo material y color que los ornamentos, que se unen por la tela por solo uno de sus cuatro bordes. En la forma romana, en cambio, las piezas de cartón se unen por tres de los cuatro bordes.  Su uso es optativo en la forma ordinaria del rito romano, aunque ha caído en desuso. En la Misa, la bolsa de corporales se coloca encima de la palia que se pone sobre el cáliz cuando están dentro los corporales. 

 

La Palia

La palia es una pieza de tela cuadrada, reforzada de cartón o madera en su interior, que se coloca sobre el cáliz. La parte superior de la palia se puede adornar ricamente. Si tiene forma redonda se llama hijuela. Su uso es optativo, conforme a la Instrucción General del Misal Romano (n. 142). Sin embargo, es muy conveniente usarla para evitar que el polvo o los insectos entren dentro del cáliz.

Antes de la Misa se coloca sobre la patena con la hostia que, a su vez, se coloca sobre el purificador puesto sobre el cáliz. En el ofertorio se quita para la presentación de los dones y, tras la presentación del vino, se coloca directamente sobre el cáliz. Se vuelve a quitar en el momento de la epíclesis, y se regresa tras la consagración del vino. Nuevamente se quita en el momento de la fracción del pan. Si un diácono asiste a la Misa, él debe de quitarla y ponerla; de lo contrario lo hace el sacerdote. Cuando se descubre el cáliz, la palia suele colocarse sobre el purificador para que el sacerdote pueda tomarla con mayor facilidad. 

El Manutergio

El manutergio es un paño con el que el celebrante se seca las manos cuando se las lava en la Misa. Puede ser de lino, de toalla, o de otro material que sea absorbente. Suele bordarse una cruz u otro signo litúrgico en un borde, para distinguirlo del purificador. En algunos lugares se le llama cornijal.

En algunos lugares, el manutergio se coloca sobre el altar, cuando se ponen las vinajeras sobre éste. En estos casos se pone por encima del mantel y por debajo de las vinajeras, del lado derecho del celebrante. El objeto es que, si cae una gota de vino cuando se prepara el cáliz o se hacen las purificaciones, no llegue al mantel y lo manche. 

El corporal es un paño cuadrado, que se extiende durante la Misa encima del altar para colocar sobre ello el cáliz, el copón y la patena, y dejar sobre éste la hostia en la forma tradicional. Su nombre viene del latín corpus, que significa Cuerpo, pues sobre ella va a reposar el Cuerpo del Señor.

Debe ser de un lienzo blanco. Es preferible que no lleve adornos, para significar mejor la asociación que tradicionalmente se ha hecho con el santo sudario. No obstante, se suele poner una cruz en el centro del lado más próximo al celebrante.

Su uso en la Misa es obligatorio (IGMR 80). Además, se debe usar en la exposición del Santísimo, para colocar encima la custodia o copón. También se coloca sobre una mesita cuando se lleva la comunión a los enfermos.

El corporal se dobla en nueve secciones iguales. En la Misa se extiende sobre el altar en el momento del ofertorio y tras la Comunión se lo dobla y retira. En la forma tradicional se extiende desde el comienzo de la Misa hasta después de la Comunión.

El modo normal de extender el corporal es el siguiente: a) Se coge el corporal con la mano derecha y se coloca plano en el centro del altar, aún doblado; b) se desdobla primero a la izquierda y luego a la derecha, conformándose tres cuadrados; c) se desdobla la sección más alejada del celebrante, hacia fuera, de modo que queden seis cuadrados; d) finalmente, se desdobla el pliegue más próximo al celebrante, quedando visibles los nueve cuadrados, y se ajusta el corporal a unos tres centímetros del borde del altar.

Para doblar el corporal se siguen los mismos pasos pero a la inversa: se doblan los tres cuadrados más próximos al celebrante hacia dentro; después los tres más lejanos hacia sí, y finalmente los cuadrados derecho e izquierdo hacia el central. 

Corporalis

El Purificador

El purificador es un paño rectangular que se suele plegar longitudinalmente, que suele tener una cruz o símbolo litúrgico estampada en el centro. Se utiliza a modo de toalla en la limpieza de los vasos sagra­dos o la cruz cuando es besada. No se debe adornar en exceso y debería ser de lino blanco o de otro tejido absorbente.

Antes de la Misa se coloca sobre el cáliz, y encima del purificador se dispone la patena con la hostia de mayor tamaño. En el ofertorio, antes de preparar el cáliz, se coloca a la derecha del corporal, y de ahí es tomado para ser usado por el sacerdote. Tras las abluciones, se vuelve a colocar encima del cáliz, como al inicio de la Misa.